Siempre existirá cualquier vieja señora que aborda a los niños con muecas que dan miedo y diciendo tonterías con un lenguaje informal lleno de frases de retahílas infantiles y tarareos. Generalmente los niños miran con mucha severidad a estas personas que han envejecido en vano; no entienden qué es lo que quieren y regresan a sus juegos, juegos simples y muy serios.
Bruno Munari, Arte come mestiere (El arte como oficio), 1966
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